
La nostalgia pesa. Por muy progresista sea la forma en que pensemos, siempre habrá algo dentro de nosotros que se mueva al evocar algo de nuestros “años mozos”. La película Scott Pilgrim vs The World juega bastante con ese sentimiento. Eso fue lo primero que me vino a la mente cuando los créditos empezaron. Los píxeles y la música de 8 bits te transportan a la época en que el Nintendo [NES] era lo máximo en tecnología y entretenimiento. Pero hay más: Scott Pilgrim hizo su aparición inicial como un comic, género del cual también se presta muchos guiños que arrancan unas cuantas sonrisas cuando se combinan con las situaciones de la película. La historia no es muy complicada e incluso puede decirse que apela al sentimiento del “gamer” genérico, de ser capaz de luchar y triunfar por la persona que ama.
Scott Pilgrim es un joven de 22 años, desempleado y casi casi, bueno para nada. Toca el bajo en una banda, que según palabras propias “es malísima”. Está saliendo con una chica de 17 años, asiática, con uniforme de faldita y todo (Chris Hansen podría llegar en cualquier momento). En otras palabras, algo muy lejos de los heroes a que nos tienen acostumbrados Hollywood, y tal vez más cerca de los protagonistas de tantas historias de manga y anime que a pesar de ser sendos perdedores, se ven rodeados de hermosas muchachas. Pero Pilgrim no llega a tanto. En su vida aparece Ramona, una chica nueva en la ciudad con la cual encuentra la forma de salir luego de varios intentos tan patéticos como hilarantes; más que nada por la vergüenza ajena que causan.
Y entonces viene lo bueno.

Como si de un videojuego se tratara, Scott debe derrotar los 7 malvados “ex” de la tal Ramona [los cuales incluyen a una lesbiana gótica]. Si hasta ese entonces el uso de efectos especiales había sido mínimo y lo interesante del filme recaía en la torpeza del personaje de Michael Cera [una constante en sus otros trabajos actorales], luego de la aparición del primer ex, se tira la casa por la ventana. Prácticamente no hay escena que pueda ser imitada en la realidad.
El hasta entonces perdedor y “jugador” [le saca la vuelta a la asiática con Ramona] hace gala de sendas técnicas de artes marciales que rivalizan con las de Neo en “Matrix.” Sus rivales cuentan con poderes psicoquinéticos o fuerza bruta comparable a la de Goku, pero aun así, Scott los derrota. ¿Cómo es eso posible? Porque ama a Ramona ¿De qué otra forma?.
Por supuesto, todo acaba con un final feliz, el cual no voy a contar, pero apuesto que todos ya se lo imaginan; pues de la misma forma acaban todos los juegos en los que se debe derrotar a un “x” número de oponentes [jefes finales incluidos] para llegar al lado de la persona amada [a menos que esté en otro castillo, Doh!].

En conclusión, Scott Pilgrim excita muy bien las terminaciones nerviosas de un friki, los cuales encontrarán una muy buena película, sin que falte la frase: “será una película de culto”. El problema es que no hay muchas probabilidades de el ciudadano de a pie vea el filme de la misma forma. Hasta ahora, Scott Pilgrim vs the World no ha funcionado en la taquilla estadounidense, lo cual puede mermar las posibilidades de la lucha por el amor de Ramona sea vista en los cines peruanos.
